La muerte silenciosa de un regulador y por qué importa para las operaciones fintech y de movilidad de hoy

30 jul 20265 min

La muerte silenciosa de un regulador y por qué importa para las operaciones fintech y de movilidad de hoy

El pasado 29 de julio, la CNMC anunció el fallecimiento de Marcel Coderch i Collell, exvicepresidente de la extinta Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT). La noticia ocupó pocas líneas. No hubo grandes titulares, ni retrospectivas extensas. Y sin embargo, su nombre está inscrito en la arquitectura regulatoria que hoy permite —o dificulta— que empresas de fintech y movilidad cierren operaciones de financiación en España.

Vale la pena detenerse en esto, aunque sea incómodo. Los reguladores no son abstracciones. Son personas que tomaron decisiones concretas, en momentos concretos, con las herramientas que tenían. Cuando esas personas desaparecen, la memoria institucional se adelgaza. Y eso tiene consecuencias prácticas para quien hoy negocia un préstamo, una licencia o una operación de leasing.

Quién fue Coderch y por qué la CMT importó

La CMT existió entre 1996 y 2013, hasta su integración en la CNMC. Fue el organismo que reguló las telecomunicaciones españolas en la fase más disruptiva del sector: la liberalización, la entrada de operadores móviles virtuales, la primera ola de banda ancha.

Coderch, como vicepresidente, participó en decisiones que definieron cómo se abría (o se cerraba) el mercado a nuevos competidores. Esas decisiones no fueron neutrales. Favorecieron ciertos modelos de negocio sobre otros. Sentaron precedentes que la CNMC heredó y que, en muchos casos, sigue aplicando.

El comunicado de la CNMC es breve, casi protocolario. Pero detrás de esa brevedad hay una realidad que las empresas suelen olvidar: el marco regulatorio actual no cayó del cielo. Fue construido, decisión a decisión, por personas con nombre y apellido.

De la regulación de telecomunicaciones a la financiación de movilidad

¿Qué tiene que ver esto con un acuerdo de financiación como el que Drivalia ha cerrado con el Banco Europeo de Inversiones (BEI)?

Más de lo que parece.

Las operaciones de financiación en movilidad —leasing de flotas, renting, soluciones de suscripción de vehículos— dependen de un entramado regulatorio que combina:

  • Reglas de competencia heredadas de la etapa de liberalización de sectores de red.
  • Criterios de supervisión financiera aplicados a entidades no bancarias que operan como si lo fueran.
  • Marcos de sostenibilidad que instituciones como el BEI exigen antes de desembolsar capital.

Cada uno de estos elementos tiene una genealogía. Y esa genealogía pasa, en parte, por decisiones tomadas en organismos como la CMT hace veinte años. Cuando esos reguladores desaparecen sin que su criterio quede documentado o transmitido, las empresas que negocian hoy heredan ambigüedades que deberían haberse resuelto hace tiempo.

Por qué esto debería preocupar a fintech y movilidad, no solo a los nostálgicos

Es tentador tratar esto como una nota necrológica sin más recorrido. Sería un error.

Tres razones por las que la memoria regulatoria importa para quien cierra deals hoy:

  1. Precedentes sin documentar generan riesgo legal. Si el criterio que aplicó un regulador no está bien registrado, la interpretación actual depende de funcionarios que no vivieron la decisión original.

  2. La continuidad institucional afecta el coste del capital. Instituciones como el BEI valoran la previsibilidad regulatoria al fijar condiciones de financiación. Un marco confuso encarece el acceso a capital para empresas de movilidad.

  3. Los reguladores de hoy toman decisiones que se citarán dentro de veinte años. Lo que hoy parece un detalle técnico en fintech —licencias de pago, supervisión de plataformas— será la base sobre la que otros negocien mañana.

El contexto político no ayuda a fijar memoria

Otro problema: la comunicación institucional española tiende a la dispersión. La newsletter de Moncloa recoge decisiones de gobierno casi en tiempo real, pero rara vez conecta esas decisiones con su origen regulatorio o con las personas que las hicieron posibles.

Algo parecido ocurre con la cobertura empresarial. CEOE News informa sobre acuerdos, financiaciones y políticas sectoriales, pero casi nunca traza la línea entre la regulación actual y quienes la diseñaron. El resultado es un ecosistema informativo que documenta el presente sin anclarlo al pasado que lo explica.

Para empresas que operan en fintech y movilidad, esto no es un problema académico. Es un problema de due diligence real: entender por qué una norma dice lo que dice, y quién decidió que dijera eso, ayuda a anticipar cómo se aplicará mañana.

Qué deberían hacer las empresas ante esta laguna

No se trata de escribir biografías de reguladores. Se trata de algo más pragmático:

  • Documentar el origen de los criterios regulatorios que afectan a tu sector, no solo el texto legal vigente.
  • Mantener relaciones institucionales de largo plazo, no solo transaccionales, con organismos supervisores.
  • Exigir trazabilidad en los informes de financiación: qué marco normativo respalda cada condición, y desde cuándo existe ese marco.

Es un ejercicio de higiene corporativa que pocas empresas hacen, precisamente porque no genera titulares.

Conclusión: la regulación tiene autores, no solo textos

Marcel Coderch murió sin grandes homenajes. Es probable que su nombre no vuelva a aparecer en la prensa económica. Pero el marco que ayudó a construir sigue vivo en cada operación de financiación que hoy se cierra en España, desde fintech hasta movilidad.

Ignorar esa genealogía no hace que desaparezca. Solo hace que las empresas naveguen el presente regulatorio con menos información de la que deberían tener.


Puntos clave

  • El fallecimiento de Marcel Coderch, exvicepresidente de la CMT, recuerda que el marco regulatorio español fue diseñado por personas concretas, no solo por textos legales.
  • Operaciones actuales de financiación en movilidad y fintech —como los acuerdos con el BEI— dependen de precedentes regulatorios heredados de organismos ya extinguidos.
  • La falta de documentación sobre el origen de ciertos criterios normativos genera riesgo legal y encarece el acceso a capital.
  • La comunicación institucional (Moncloa, CEOE) rara vez conecta el presente regulatorio con las decisiones que lo originaron.
  • Las empresas deberían tratar la memoria regulatoria como parte del due diligence, no como un ejercicio histórico opcional.

Fuentes